" 'Pardao', mira que vida lleva
su patria y su hogar es una acera.
'Pardao', mira que vida pasa
el parque es su tierra, la calle su casa"
"Pardao"(Yosi, Los Suaves)
La pobreza nunca secunda las huelgas, ni siquiera se lo plantea. Simplemente se deja llevar por una insoportable resignación que gangrena sus sueños y que termina por quebrar su voluntad.
Así que el 29 de septiembre fue para Carmen un día como otro cualquiera. Su rostro afilado -bruñido por el sol y la mugre a partes iguales-, mantenía ese rictus de desgana y displicencia tan habitual en ella. Esa expresión del que se siente vencido y asume con resignación que está condenado a bogar sin rumbo por la alcantarilla del mundo civilizado.
(Pausa, silencio, vacío)
Y ahora yo. Podría enredarme en juegos malabares de palabras, y hablar de su ropa raída, de su cabello grasiento, de su perenne miseria otoñal. Podría ser también un onanista de la compasión, y decir que su dolor es el mío. Pero me invade un cierto pudor. Carmen es real, demasiado real. Y yo soy "humano, demasiado humano".
Sé, no obstante, que algún día dejaré de cruzarme con ella.
viernes, 8 de octubre de 2010
martes, 7 de septiembre de 2010
Odio Youtube
"Las cosas de las que uno se siente absolutamente seguro nunca son verdad. Ésa es la fatalidad de la Fe y la lección del romanticismo"
"El retrato de Dorian Gray", Oscar Wilde
Mi vida son mis recuerdos. Me gusta sumergirme en ellos y dejarme llevar por su irresistible hechizo. Viajar al pasado, sin necesidad de Delorean ni condensador de fluzo. Surcar de nuevo los valles de mi infancia, atravesar la escarpada senda de mi pubertad o dejarme caer por los rescoldos de mi eterna inmadurez. Sí, me gusta coquetear con mis recuerdos, susurrarles cosas bonitas al oído. Dejar que se sienten en mi regazo y darles pellizquitos. Lo confieso, mis recuerdos y yo nos follamos.
Entonces llega Youtube con su sobrecogedora guadaña, y desbroza mis recuerdos, les arranca su emoción (analógica).Todo queda reducido a un amasijo de imágenes y sonidos, a una secuencia de unos y ceros que en nada se parece a mis recuerdos más queridos. El concierto que me enloqueció el pasado fin de semana; ese programa de mi infancia que tanto me hacía reír; aquella película de Valentina que siempre me turbaba el alma. Todo se reduce a ceros y a unos. ¿Qué es el primer beso para Youtube? Cero, cero, uno, cero, cero, uno. ¿Y el primer desengaño amoroso? Uno, uno, cero, uno, cero.
Odio Youtube (uno, cero, cero, uno, cero). No puedo soportar su desgarradora asepsia, la frialdad con la que actúa. Es repugnante ver cómo engulle todos nuestros recuerdos -sean bellos, grotescos, dulces o amargos- y los transforma en gélidos videos. Youtube, una devastadora línea de montaje que destruye nuestro pasado. Nada puede con su crueldad. Youtube, voy a por ti.
P.D: sí, he puesto un video de Youtube. Como un día cantó Robe: "Me gusta mucho tener contradicciones porque así siempre tengo razón"
P.D 2: "He visto el gol (a Holanda) mil veces. Pero la sensación en el campo es irrepetible. La perspectiva es muy diferente. Hay un gol en esa final que es personal, muy mío... El de la tele se parece, pero yo solo he metido una vez ese gol. No sé cómo explicarlo... Es distinto verlo que marcarlo" (Andrés Iniesta, entrevista para El País)
"El retrato de Dorian Gray", Oscar Wilde
Mi vida son mis recuerdos. Me gusta sumergirme en ellos y dejarme llevar por su irresistible hechizo. Viajar al pasado, sin necesidad de Delorean ni condensador de fluzo. Surcar de nuevo los valles de mi infancia, atravesar la escarpada senda de mi pubertad o dejarme caer por los rescoldos de mi eterna inmadurez. Sí, me gusta coquetear con mis recuerdos, susurrarles cosas bonitas al oído. Dejar que se sienten en mi regazo y darles pellizquitos. Lo confieso, mis recuerdos y yo nos follamos.
Entonces llega Youtube con su sobrecogedora guadaña, y desbroza mis recuerdos, les arranca su emoción (analógica).Todo queda reducido a un amasijo de imágenes y sonidos, a una secuencia de unos y ceros que en nada se parece a mis recuerdos más queridos. El concierto que me enloqueció el pasado fin de semana; ese programa de mi infancia que tanto me hacía reír; aquella película de Valentina que siempre me turbaba el alma. Todo se reduce a ceros y a unos. ¿Qué es el primer beso para Youtube? Cero, cero, uno, cero, cero, uno. ¿Y el primer desengaño amoroso? Uno, uno, cero, uno, cero.
Odio Youtube (uno, cero, cero, uno, cero). No puedo soportar su desgarradora asepsia, la frialdad con la que actúa. Es repugnante ver cómo engulle todos nuestros recuerdos -sean bellos, grotescos, dulces o amargos- y los transforma en gélidos videos. Youtube, una devastadora línea de montaje que destruye nuestro pasado. Nada puede con su crueldad. Youtube, voy a por ti.
P.D: sí, he puesto un video de Youtube. Como un día cantó Robe: "Me gusta mucho tener contradicciones porque así siempre tengo razón"
P.D 2: "He visto el gol (a Holanda) mil veces. Pero la sensación en el campo es irrepetible. La perspectiva es muy diferente. Hay un gol en esa final que es personal, muy mío... El de la tele se parece, pero yo solo he metido una vez ese gol. No sé cómo explicarlo... Es distinto verlo que marcarlo" (Andrés Iniesta, entrevista para El País)
lunes, 30 de agosto de 2010
En penumbra (Febrero de 2030)
"Dónde está
la luz
de mi vida, no,
no podré superar haber sido feliz"
"En la playa de los muertos", Francisco Nixon
Se ducha con la luz apagada, en penumbra, sólo la delicada claridad que atraviesa el pavés abate la oscuridad. Siquiera se mira en el espejo. Se intuye, pero no quiere batirse en duelo con la imagen que escupirá el resquebrajado vidrio. Hace ya tanto que no se mira a los ojos. ¿Se reconocería? Huye del dormitorio. No soportaría que la luz del día le recordara…
Son las 12:21. Un café sabor a naftalina, una mirada vacía y un grito ahogado. Sale a la calle. Camina deprisa y esquiva las miradas y los tímidos saludos de algunos (des)conocidos. Misántropo, eso es, ya cumplió con su anhelo. Sin embargo, nunca pensó que el sueño sería tan amargo. Sigue caminando. El frío sacude sus huesos. No está seguro, pero la calle huele a febrero, el viento sabe a febrero y no puede evitar recordar…
Sí, no hay duda, febrero ya está aquí. Los recuerdos le inundan y casi se le escapan las lágrimas. Hoy es el día….A toda prisa improvisa una lista de la compra: gambas, tostaditas, un poco de foie, una botella de Mateus Rose, fresones y chocolate negro para fundir. Regresa a casa. Se afeita (en penumbra) y fuma marihuana sin parar hasta que se duerme.
Despierta azorado, envuelto en sudor y con la boca seca. Bebe zumo de melocotón caducado pero que le sabe a ambrosía. Son las 18:18. ¿Ha dormido seis horas? Otra ducha rápida (en penumbra). No se pone colonia. Ella le dijo un día que le gustaba su olor corporal, su sudor -las feromonas, pensó él entonces-. Nada de colonia, pues. Sí, hoy es el día.
Se acerca al comedor y prepara la mesa como ella le enseñó: mantel lila, copas de vino y unas velas que huelen a vainilla. Asa las gambas (un poco de sal y un chorrito de aceite), prepara las tostadas y de fondo Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Ha vuelto a sudar. Otra ducha rápida (en penumbra).
Esta noche es especial, hoy hace 30 años de su primer beso. Se viste para la ocasión: pantalón de tela y una camiseta negra que ella le regaló en Formentera hace tantos veranos. Nunca ha sido guapo, pero esta noche quiere estar impecable. Regresa a la mesa, mientras tararea canciones de tiempos perdidos. Todo está preparado, a ella le gustará, seguro. Se sienta, sirve el vino y de repente la estancia palidece. Mira a su alrededor, y sólo ahora parece darse cuenta. Está solo. Intenta aferrarse torpemente a unos recuerdos que de viejos, ya se le han oxidado. Pero es inútil. La Dama fue cruel. Vino de visita hace tantos años.
P.D: la tristeza no es infinita, es eviterna.
la luz
de mi vida, no,
no podré superar haber sido feliz"
"En la playa de los muertos", Francisco Nixon
Se ducha con la luz apagada, en penumbra, sólo la delicada claridad que atraviesa el pavés abate la oscuridad. Siquiera se mira en el espejo. Se intuye, pero no quiere batirse en duelo con la imagen que escupirá el resquebrajado vidrio. Hace ya tanto que no se mira a los ojos. ¿Se reconocería? Huye del dormitorio. No soportaría que la luz del día le recordara…
Son las 12:21. Un café sabor a naftalina, una mirada vacía y un grito ahogado. Sale a la calle. Camina deprisa y esquiva las miradas y los tímidos saludos de algunos (des)conocidos. Misántropo, eso es, ya cumplió con su anhelo. Sin embargo, nunca pensó que el sueño sería tan amargo. Sigue caminando. El frío sacude sus huesos. No está seguro, pero la calle huele a febrero, el viento sabe a febrero y no puede evitar recordar…
Sí, no hay duda, febrero ya está aquí. Los recuerdos le inundan y casi se le escapan las lágrimas. Hoy es el día….A toda prisa improvisa una lista de la compra: gambas, tostaditas, un poco de foie, una botella de Mateus Rose, fresones y chocolate negro para fundir. Regresa a casa. Se afeita (en penumbra) y fuma marihuana sin parar hasta que se duerme.
Despierta azorado, envuelto en sudor y con la boca seca. Bebe zumo de melocotón caducado pero que le sabe a ambrosía. Son las 18:18. ¿Ha dormido seis horas? Otra ducha rápida (en penumbra). No se pone colonia. Ella le dijo un día que le gustaba su olor corporal, su sudor -las feromonas, pensó él entonces-. Nada de colonia, pues. Sí, hoy es el día.
Se acerca al comedor y prepara la mesa como ella le enseñó: mantel lila, copas de vino y unas velas que huelen a vainilla. Asa las gambas (un poco de sal y un chorrito de aceite), prepara las tostadas y de fondo Dark Side Of The Moon de Pink Floyd. Ha vuelto a sudar. Otra ducha rápida (en penumbra).
Esta noche es especial, hoy hace 30 años de su primer beso. Se viste para la ocasión: pantalón de tela y una camiseta negra que ella le regaló en Formentera hace tantos veranos. Nunca ha sido guapo, pero esta noche quiere estar impecable. Regresa a la mesa, mientras tararea canciones de tiempos perdidos. Todo está preparado, a ella le gustará, seguro. Se sienta, sirve el vino y de repente la estancia palidece. Mira a su alrededor, y sólo ahora parece darse cuenta. Está solo. Intenta aferrarse torpemente a unos recuerdos que de viejos, ya se le han oxidado. Pero es inútil. La Dama fue cruel. Vino de visita hace tantos años.
P.D: la tristeza no es infinita, es eviterna.
lunes, 23 de agosto de 2010
El chico que come ganchitos
"Y me siento mejor, sí que tengo una estrellita, pequeñita, pero firme, FIRME" (Extremoduro)
En el metro viajan rutinas, sueños e ilusiones. También viajan sinsabores, miedos y frustraciones. Viaja la vida, en definitiva. Y esta tarde, en el Metro de Madrid, viajo entre ese mar de viajes y me dedico a observar, a disfrutar de la vida. En este caso de la vida de otros. Observo, analizo e invento mis propias historias sobre unos pasajeros a los que no conozco pero por los que de repente siento una devoción enfermiza. Ese chico está mirando a aquella chica con ojos enternecedores y quiere llamar su atención; aquella mujer está sumergida en un libro de Ken Follet mientras se retira, coqueta, el pelo de la cara y piensa que esta vez Pedro cumplirá su promesa de dejar la cocaína; y cómo no fijarse en aquel tipo con gorra que no deja de mordisquear una cadena que a buen seguro le regaló su madre. Voy saltando de una historia a otra, todas parecen tener un final feliz.
Y entonces me topo con él. No sabría decir su edad. Come ganchitos vorazmente pero con ternura. No creo que mida más de 1,65. Lleva un traje elegante pero sin corbata. Me fijo en sus ojos aplastados. Y de repente siento la necesidad de esquivar su mirada. No podría soportarlo. Hago acopio de valor y vuelvo a mirarle. Y me derrumbo una y mil veces. Ese chico que come ganchitos tiene Síndrome de Down. Yo, que hace unos minutos me sentía embriagado por un contrato que iba a reportar pingües beneficios para las partes contratantes. Yo, que hace unos minutos coqueteaba con la fama. Yo, que fantaseaba con los dividendos, me desmorono. Sólo soy un bobo, un jodido narcisista. Ahora que me he dado de bruces con el chico que come ganchitos noto que mi corazón se ha encendido, que quiere salir de mí. Rïela mi alma. Siento que me tiembla todo el cuerpo.
Me muero de ganas de abrazar al chico de los ganchitos. Quiero darle las gracias y gritar, sólo quiero gritar. Ese chico, con sus ganchitos, me ha rescatado. Me ha devuelto los sueños. Me ha dato tanto. Y él no lo sabe. El metro llega a su destino. El viaje de viajes ha terminado. No le he dicho nada al chico que come ganchitos.
P.D: Te debía una carta, que no sé si algún día leerás. Pero aquí la tienes. Las palabras, son más palabras cuando se escriben. Ah, y no se lo cuentes a nadie, querido amigo, pero tengo los ojos vidriosos. Será polvo que se ha colado por entre mis pestañas.
En el metro viajan rutinas, sueños e ilusiones. También viajan sinsabores, miedos y frustraciones. Viaja la vida, en definitiva. Y esta tarde, en el Metro de Madrid, viajo entre ese mar de viajes y me dedico a observar, a disfrutar de la vida. En este caso de la vida de otros. Observo, analizo e invento mis propias historias sobre unos pasajeros a los que no conozco pero por los que de repente siento una devoción enfermiza. Ese chico está mirando a aquella chica con ojos enternecedores y quiere llamar su atención; aquella mujer está sumergida en un libro de Ken Follet mientras se retira, coqueta, el pelo de la cara y piensa que esta vez Pedro cumplirá su promesa de dejar la cocaína; y cómo no fijarse en aquel tipo con gorra que no deja de mordisquear una cadena que a buen seguro le regaló su madre. Voy saltando de una historia a otra, todas parecen tener un final feliz.
Y entonces me topo con él. No sabría decir su edad. Come ganchitos vorazmente pero con ternura. No creo que mida más de 1,65. Lleva un traje elegante pero sin corbata. Me fijo en sus ojos aplastados. Y de repente siento la necesidad de esquivar su mirada. No podría soportarlo. Hago acopio de valor y vuelvo a mirarle. Y me derrumbo una y mil veces. Ese chico que come ganchitos tiene Síndrome de Down. Yo, que hace unos minutos me sentía embriagado por un contrato que iba a reportar pingües beneficios para las partes contratantes. Yo, que hace unos minutos coqueteaba con la fama. Yo, que fantaseaba con los dividendos, me desmorono. Sólo soy un bobo, un jodido narcisista. Ahora que me he dado de bruces con el chico que come ganchitos noto que mi corazón se ha encendido, que quiere salir de mí. Rïela mi alma. Siento que me tiembla todo el cuerpo.
Me muero de ganas de abrazar al chico de los ganchitos. Quiero darle las gracias y gritar, sólo quiero gritar. Ese chico, con sus ganchitos, me ha rescatado. Me ha devuelto los sueños. Me ha dato tanto. Y él no lo sabe. El metro llega a su destino. El viaje de viajes ha terminado. No le he dicho nada al chico que come ganchitos.
P.D: Te debía una carta, que no sé si algún día leerás. Pero aquí la tienes. Las palabras, son más palabras cuando se escriben. Ah, y no se lo cuentes a nadie, querido amigo, pero tengo los ojos vidriosos. Será polvo que se ha colado por entre mis pestañas.
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