miércoles, 27 de abril de 2011

Rojita

"Tengo ronca el alma de quererte
en esta soledad llena que me ahoga;
tengo los ojos llenos de luz de imaginarte
y tengo los ojos ciegos de no verte" (Extrechinato y tú)

"El Tren Estrella es el servicio nocturno más antiguo que ofrecía RENFE desde su creación, y varias de sus rutas han ido desapareciendo al construirse las diferentes líneas de alta velocidad o se han sustituido por TrenHotel, servicio nocturno de gama alta" (Wikipedia).

La gente se agolpaba en los andenes. Alrededor, maletas sin ruedas y fardos hechos de forma artesanal por los que asomaban hogazas de pan, naranjas y cuchillos jamoneros. Un alegre bullicio salpicaba la escena y sin orden aparente los pasajeros comenzábamos a entrar en los vagones. Era imposible no sentirse enajenado por esa entrada al Tren Estrella que cada viernes partía de Barcelona, bordeaba el Mediterráneo con un incómodo traqueteo y llegaba hasta el corazón de Andalucía.

Las primeras veces, al menos para mí, aterrizar en el Estrella suponía una pequeña odisea. Había que surcar un estrecho pasillo atestado de gente. Cuando por fin llegabas al compartimento, las puertas de cristal se abrían y la angustia se apoderaba de uno. En apenas unos metros cuadrados dos butacas de tres plazas (una frente a la otra) y dos literas, una por encima de cada butaca. Yo, desconfiado por naturaleza, apilaba mis cosas entre las piernas. Tenía 4 horas de viaje por delante y me temía lo peor. Sin embargo, con el tiempo aprendí que cada compartimento era una oportunidad para compartir sueños. Descubrí que algunos pasajeros afrontaban un larguísimo viaje de 14 horas y que lo hacían con una ilusión contagiosa. Cantaban, reían, bebían vino, fumaban. El aceite de los bocadillos de atún todo lo impregnaba. Así que a las pocas semanas vencí mis miedos y comencé a dejar mis cosas en la litera. En ocasiones dormía e incluso –oh sorpresa- me daba por hablar, que no todo ha de ser silencio.
Ella era joven. Me dijo su nombre (aunque no soy capaz de recordarlo), pero enseguida matizó que todos le llamaban Rojita por los colores de su cara. Rojita era rubia, con una de esas pieles tersas y delicadas que parecen hijas de la primavera, y de sus ojos emanaba una dulce tristeza (o una triste dulzura). Viajaba siempre con su hijo de 3 años. Y cada quince días los dos iban hasta Valencia a ver al padre de la criatura. Resulta que estaban separados pero (decía ella): "entre los gitanos no está bien visto eso del divorcio". Rojita, pues, vivía una vida que no era del todo suya, pero lo asumía con entereza. Podía haberse revolcado en un amargo poso de conformismo pero no lo hacía. Rojita me contaba muchas cosas y me confesó que no sabía leer, ni escribir. También me dijo que le gustaría pasear con calma por Barcelona. Me pidió el número de teléfono y también me dio el suyo.

Tren Estrella, domingo por la tarde. No parece el mismo tren. La sombra del lunes planea. Los sueños se han quebrado. La (otra) realidad ha impuesto su yugo. Ya no hay jolgorio, sólo rostros abatidos y una madre que sabe que nunca podrá pasear por Barcelona.

lunes, 18 de abril de 2011

El equilibrio que da la belleza

"Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos
en tus ojos"
(Pablo Neruda)

No me gusta definir los sentimientos. Creo que los sentimientos simplemente se han de sentir. A fuerza de definirlos pierden sentido, se 'cosifican' y dejan de ser sentimientos. Prefiero que los sentimientos me sacudan, sea porque se me hincha el alma, o porque me revienta el corazón; sea porque me tiemblan hasta las pestañas o porque se me encoja el estómago. Quiero que un nudo de sentimientos me asfixie. Me niego a ser un animal mecánico. Lo reconozco tengo un miedo atroz a no sentir.

La primavera es arrebato, es sentimiento. La primavera es belleza. Y embriagarse de belleza tendría que ser obligatorio. Hay que derretir los miedos, hay que sentir. Sentid, cabrones, sentid. No dejéis de sentir. Desatad a las fieras, hoy es un día bello. Como lo fue aquel día de abril. Hoy y siempre, suena Pachelbel, su Canon.

miércoles, 13 de abril de 2011

Silencio

"TRISTES guerras
si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes. Tristes."

(Miguel Hernández, fragmento de un poema incluido en "Cancionero y romancero de ausencias")

No hay nadie disponible para charlar. Eso escupe Facebook en estos momentos. Y supongo, que no es la intención del que programó el dichoso chat, pero la paradoja es que cuando hay gente disponible para charlar, en realidad no están disponibles para charlar.

El silencio se agosta, se muere. Nadie lo soporta, todos temen escuchar su incesante latir. Y por eso las palabras retumban salidas de una línea de montaje creada para aniquilar al silencio. Un innecesario blablabla que no sólo no dice nada sino que ensucia el silencio, acaso uno de los pocos refugios vírgenes que nos quedan. Llega abril, pero sigue siendo enero, todo está congelado, las almas ateridas. Paralizados los corazones, los dedos teclean, los pulmones exhalan, pero nadie dice nada. La rueda gira. Dejad en paz al silencio.

Y de repente el odio. Sólo espero que nada te salga bien. Tu nombre me suena a ruina, a falta de escrúpulos.

miércoles, 6 de abril de 2011

Una canción de amor diletante

"Y me busco en la memoria el rincón donde perdí la razón
y la encuentro donde se me perdió (fue) cuando dijiste que no.
Hice un barquito de papel para irte a ver
se hundió por culpa del rocío"

(Robe Iniesta)

Miguel aceptó con muchas reticencias la invitación de Luis para ver juntos el fútbol en casa de éste. "Dos tíos que quedan a solas para ver el fútbol lo que quieren en realidad es tirarse el uno al otro. Y oye Luis, mal que te pese, sigo siendo heterosexual", dijo Miguel.

"Buf, Miguel, ya estamos otra vez con tus teorías de barra de bar. Quiero estar a nuestra bola y paso de estar en un bar sin poder fumar, con gente del Valencia cerca", replicó Luis. "Además prometo usar vaselina", lanzó de forma ladina mientras movía la lengua de izquierda a derecha.

"Qué te den por…Bueno, paso a las 21h por tu casa. Pedimos unas pizzas y nos ponemos a cotillear las fotos de Laura en el Facebook antes del partido", sentenció Miguel.

Miguel llegó puntual a casa de Luis, con su vieja camiseta de El Señor de Los Anillos y una mochila raída llena de apuntes de álgebra y de recortes de revistas.

"Luis, mira lo que acabo de leer en esta revista. Hablan de un extraño síndrome llamado POIS o síndrome post-orgásmico. Lo han descubierto un grupo de doctores holandeses. El síndrome hace que se contraiga una especie de gripe al eyacular. Ahora entiendo porque siempre estás enfermo…y eso que no tienes novia", recitó Miguel de carrerilla (se notaba que lo había ensayado).

"Qué ocurrente eres. Tienes mucho tiempo libre ¿eh?", dijo Luis con un cierto mohín.

"Tengo mis momentos, pero te juro que mi verdadero sueño es ser un millonario, pero no un millonario más, sino un jodido millonario excéntrico. Haría una OPA hostil para hacerme con el control de la RAE", apostilló Miguel.

"¿La RAE?"

"Sí, la RAE, la Real Academia de la Lengua. Sentarme en una de esas mesas de roble rojizo y ordenar cambios en el lenguaje mientras todos los académicos me miran con el rostro desencajado. Ellos le quitan el acento a 'guion' ¿no? Pues yo, me encargaré de eliminar la palabra Hola. A partir de mi primer día de mandato el saludo habitual pasaría a ser Mangueras Rotas. Por ejemplo, en una discoteca en lugar de decir 'Hola, me llamo Miguel' diría 'Mangueras Rotas, me llamo Miguel'. Sería tan épico como cuando Aragorn besa a Arwen".

"Bufff", suspiró Luis.

"Y la palabra profecía sería obligatoria en cada frase. Daría igual el orden. Por ejemplo, nadie podría decir: '¿Me puedes dar un bocata de calamares?'. Tendría que decir 'Profecía, ¿me puedes dar un bocata de calamares?' o '¿Me puedes un bocata de profecía, calamares?'"

La TV interrumpió de fondo: "Gol del Schalke, ha marcado Raúl"

"¿Nos besamos ahora o después?", contraatacó Luis con astucia.

"Qué cabrón. Como dijo Hartman, tú chuparías hasta una pelota de golf metida dentro de una manguera"

martes, 5 de abril de 2011

Parece

"Hoy, en la ciudad, en la gran ciudad, todos, absolutamente todos, se despertaron con granos de azúcar en los labios, pero sólo se dieron cuentan, aquellos, que al despertarse se besaron" (Anónimo, leído en algún cuento o revista)

Y se dejó llevar. Dejó que le arrebataran la primavera, dejó que traficaran con sus sueños. Dejó de compartir secretos en callejones empedrados y convirtió su fuego interior en hielo incandescente, en un reloj que decía la hora con exactitud pero que no latía. Despertó, eso sí, enredado en halagos y con una sonrisa de hiena por bandera. Mercadear con la miseria. La victoria, o eso le decían.