"Hoy, en la ciudad, en la gran ciudad, todos, absolutamente todos, se despertaron con granos de azúcar en los labios, pero sólo se dieron cuentan, aquellos, que al despertarse se besaron" (Anónimo, leído en algún cuento o revista)
Y se dejó llevar. Dejó que le arrebataran la primavera, dejó que traficaran con sus sueños. Dejó de compartir secretos en callejones empedrados y convirtió su fuego interior en hielo incandescente, en un reloj que decía la hora con exactitud pero que no latía. Despertó, eso sí, enredado en halagos y con una sonrisa de hiena por bandera. Mercadear con la miseria. La victoria, o eso le decían.
Inconexo y breve
ResponderEliminarIntenso y enfermizo