"José Garcés pasó varios años interno en un colegio de Reus, estuvo mucho tiempo sin ver a Valentina.
Un día se despertó bajo la escarcha del amanecer, inquieto por la idea de que Valentina hubiera conocido los horrores de la guerra" (Valentina, la película)
Enrique nunca se lo contó a nadie, pero lo que realmente le gustaba era sentarse a la orilla del río y hablar con los musgos. Sin embargo le habían educado para ser un héroe, así que una noche de agosto renegó muy solemnemente de la Luna y se prometió a si mismo que iba a convertirse en (otro) héroe (más). Comenzó así un largo periodo de heroísmo, en el que por momentos Enrique llegó a pensar que estaba cumpliendo con éxito su cometido. Pero por más empeño que ponía en convertirse en un héroe, Enrique siempre acababa tropezando con su alma.
["¿Por qué matan a los héroes? Desgraciadamente cuando seas hombre lo vas a entender" (diálogo de "Valentina")]
Una mañana de otoño Enrique anunció oficialmente a sus seres queridos que renunciaba a ser un héroe. Una honda consternación llenó la hacienda familiar, pero la tía abuela María reaccionó con rapidez y le pidió a Enrique que fuera un santo. Dicho y hecho. Enrique se empeñó de veras ser un hombre santo, pero volvió a tropezar, esta vez con sus pecados.
["El niño, que se nos ha hecho poeta" (diálogo de "Valentina")]
Todavía recuerdo a Enrique, sentado junto al puente de piedra, ensimismado con las estrellas y ajeno al resto de chavales. Una tarde de invierno Enrique me enseñó sus manuscritos. Nunca olvidaré, que en tinta roja había escrito: "Antes o después me quedaré sin versos y sin palabras. Ese día dejaré de ser poeta. Ese día me habré ido, para siempre".
Sin palabras no somos nada, tus palabras dan sentido a la vida, las palabras de la mayoria son peores que su propio silencio enfermo
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