miércoles, 30 de marzo de 2011

Samambota

"Y me fabrico otro recuerdo perfecto"

(Mi última mujer, Sergio Algora, La Costa Brava)

Hacía 17 años que no le veía, pero apenas había cambiado. Seguía teniendo ese andar cadencioso, de flamenco andino en busca de un recóndito salar. Su rostro de golondrina ausente teñía de bondad el asfalto y su mirada de sarmiento, evocaba cosechas imposibles.

Por más que me esfuerzo, no recuerdo su nombre. ¿Emilio? ¿Eduardo? Dejésmolo en Emilio-Eduardo, como esos actores de culebrón. Aunque mi Emilio-Eduardo es de todo menos un protagonista. Por no ser, no sería ni actor secundario. En el colegio destacaba precisamente por no destacar en nada. Era insustancialmente necesario, como los silencios y las pausas que preceden a las rupturas.

Hacía 17 años que no le veía. Aún así, 17 años después, sigo enganchado a ese recuerdo que quizá he deformado y moldeado a mi gusto (para eso es un recuerdo mío, ¿no? Supongo que le habré amenazado: "Recuerdo de mierda, o te adaptas a mi ego o te fulmino con Control+ Del").

Ah, sí, el recuerdo. Eran las 8:30 de una mañana cualquiera. El patio del colegio era a esas horas un remanso de paz; un vacío atronador lo llenaba casi todo. Busqué el abrigo del sol, me senté en el banco y comencé a tomar notas (mentales). Allí estaba Gustavo, el macarra oficial del cole, gambeteando con un balón de fútbol. Gustavo ligaba cuando quería, insultaba y daba collejas a discreción y encima metía goles imposibles. Esa mañana Gustavo buscaba sparrings para jugar un clásico del fútbol-patio: el uno contra uno. Emilio-Eduardo era la víctima propiciatoria. El balón comenzó a rodar y Emilio-Eduardo se pegó a Gustavo, como una lapa. Gustavo al principio reía, confiado. Pero sin darse apenas darse cuenta, Emilio-Eduardo le robó el balón. El exorcismo se repitió una, dos, tres, cuatro veces… Gustavo se desesperaba y gritaba "Joder con la samambota esta, no me la quito de encima". Parecía que Gustavo iba a estallar..y sí, estalló, pero en una sonora risotada. Por un momento, el cosmos se había aliado con Samambota y el héroe oficial era él. Fueron sus segundos de gloria. Lo recuerdo con fruición. Y mientras, Gustavo, liberado de la pesada carga de ser el malo oficial, sonreía.

17 años después, Samambota.

5 comentarios:

  1. Demasiadas palabras cultas hacen que los ignorantes te odiemos al leerte

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  2. qué debilidad tengo por los no personajes, los q no hemos llegado ni a secundarios ni a extras de lujo. Me gusta mucho la fábrica de recuerdos.
    Abrazo,,,,

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  3. Gracias manuel, pero me debilito (de felicidad9 con los de otros!!! y me relamo con cada canción...besines guapooooo

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