Un día María decidió que le iba a regalar a Alfred sus silencios. Los guardó en un frasco lleno de formol y le dijo: "Así podrás contemplarlos día y noche". Y mientras –pensó María- yo me revolcaré en tus besos de napalm. Y el barro y mis sueños serán la misma cosa.
Al día siguiente eran portada de las páginas de Sucesos.
P.D: Pídemelo otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario